Unos van alegres, otros van llorando

La semana del 24 de diciembre al primero de enero me pone ansiosa desde niña. Por mí, la dormiría toda. La retórica publicitaria y el material de entretenimiento navideños anidaban en mi mente, que ya entonces tendía al ensueño y al romance, y yo sentía que esos días eran la promesa de un futuro diferente, mejor; pero esas promesas nunca se cumplían. Al principio me desilusionaba que mis papás me regalaran cualquier barbie y no la que yo había pedido. Luego fue el peso de la soledad de mi familia nuclear en Bogotá. La gente que componía mi rutina se iba por varias semanas, cada uno donde su propia familia, que yo imaginaba siempre más numerosa y feliz. Se cocinaban peleas que reventaban justo esos días y que, o bien arruinaban la noche, o bien ocultábamos con sonrisas impostadas, comida y trago. Me irritaba que el programa de año nuevo de olímpica estéreo fuera pregrabado y que mis programas favoritos también se fueran de vacaciones. Si viajábamos a la costa, temía que chocáramos o nos cayéramos al abismo en Pescadero. Estando allí, mis parientes me eran extraños y rehuía el abrazo de hombres adultos borrachos. Resentía esa pausa obligada. Se me hacía que todo a mi alrededor era puro fingimiento, abrazos a la medianoche como si no existiera el arroyo subterráneo de rencor y amargura que atraviesa toda reunión familiar.


Pero me gusta la navidad publicitaria. Extraño la iluminación estrafalaria de Bogotá, cuando ponían luces en los postes de la luz a lo largo de la 100, de la 15; cómo esperábamos los cambios de decoración cada diciembre. Extraño El Trompo, el suplemento del periódico El Tiempo el Día de los Inocentes. A mi mamá, que ponía Abriendo puertas de Gloria Estefan a todo volumen y bailaba en la sala. Y atesoro, no sé si por inercia o nostalgia verdadera, los jingles navideños: Comcel te invita a festejar, alegremente, celularmente; De año nuevo y navidad, Caracol por sus oyentes; en esta navidad entrega mucha felicidad, con una sonrisa es suficiente; RCN a todos sus amigos les desea todas, todas, todas las felicidades.


Una de estas mañanas, mientras Óscar preparaba el café con la radio prendida, escuché por primera vez este año la canción navideña de café Águila Roja y salté de la cama mientras la cantaba y salí a la cocina y lo abracé sin dejar de cantar. La navidad es todo aquello que nos hace recordar que la vida es bella, que diciembre es amor, canta el niñito todos los años y yo me permito la ilusión por un ratico.

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