Buenas, Jáider

Siempre me sorprendo infantil cuando descubro la palabra o frase original detrás de ciertos nombres populares en Colombia. Ponerle a un hijo de uno Jáider, Hi there, me parece bonito, me parece orgulloso. Si probablemente no pertenecemos a la clase que nos enseña que el nombre abre y cierra puertas, pues qué gesto altivo decidir el nombre así, apropiándose de las palabras en la lengua “del imperio”, pero cambiándolas, retorciéndolas, españolizándolas. El otro día vi el video de los futbolistas del Manchester City, que ganaron la Premier League, y cantaban ese coro que dice “Campeones, campeones, oé, oé, oé”, y pensaba qué significativo, how symbolic que en el video desde el vestuario del campeón de la Premier League estén saliendo cánticos en español, campeones, campeones, oé, oé, oé. Significativo, y quisiera decir que no sé significativo por qué o simbólico de qué, pero sí sé. No sería capaz de apreciar algo como la fuerza del español filtrándose en el camerino del equipo inglés o la altivez detrás de los Jáiders, de las Leidys -de la altivez de los padres, en todo caso-, si no fuera porque me fui de Bogotá a estudiar a los Estados Unidos, como muchos otros. Pero siempre viví una vida paralela en inglés, en la cultura popular en inglés: vi las universidades que luego pisé con emoción en series gringas sobre adolescentes soñadoras. Supe primero de clásicos de la literatura anglosajona porque vi las películas. En fin, este país siempre ha estado ahí, y ahora yo estoy aquí y escribo sobre lo que me ha dado: las marcas, los golpes, las lecciones, y un revuelto de dos lenguas en dos lenguas que ha cambiado cómo veo el mundo. Sobre eso es este blog.

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