Cuando doy con una serie con cuya protagonista podría identificarme siento una emoción primitiva. Siento que encontré una amiga, pero en realidad no es una amiga, sino que soy yo misma, pero transformada en una versión apta para la pantalla. La protagonista de la serie, Fleabag, es una mujer en sus treintas, un poco desubicada e insegura con respecto al futuro. Es una mujer narcisista. En eso nos parecemos, no solo ella y yo, sino prácticamente ella y yo y todas las mujeres que conozco. Fleabag le habla todo el tiempo a la cámara, o sea a nosotras. Le habla a la cámara mientras le habla a los demás, que no se dan cuenta de la “conversación” paralela que ella siempre está sosteniendo. En eso también nos parecemos. Ahora, como me pasa mucho con las series desde que llegué a Estados Unidos, me doy cuenta de que las cosas en que no nos parecemos pasan, primero, por la clase. Aunque esté perdida y en la quiebra, Fleabag tiene una hermana millonaria que la puede sacar de problemas, y su papá, que le da regalos extravagantes. Tiene un negocio. Un café. Pero no sabemos realmente mucho de ese negocio y, de hecho, casi nunca nos la muestran en el café, atendiendo clientes o lidiando con eso. Las ficciones que me gustan casi nunca cuentan cómo la gente gana dinero, cómo lo administra, qué hace con él. O son ricos o son pobres. Cuando son clase media, se preocupan por el dinero de una forma casi abstracta -me pregunto por qué, si para mí el dinero es una preocupación constante, en las series las mujeres de clase media parecen ir por el mundo como si ese problema no fuera tan importante.
Eso me recuerda que quiero escribir sobre Shameless, Shoplifters, y Florida Project.
Volviendo a Fleabag, por lo que entiendo, esta mujer tiene dos problemas principales, que en realidad son el mismo: el duelo. Al inicio del relato, Fleabag ha perdido a dos personas muy importantes para ella. Los dos duelos se superponen de una forma que constituye el eje de toda la historia. El otro problema de Fleabag es el que me cuesta más describir. Parece que tiene que ver con el sexo como una forma de pasar por el duelo. Fleabag tiene mucho sexo con distintas parejas permanentes y casuales. Lo disfruta, pero parece que también es un problema para ella. No está buscando el amor. Me parece que uno de los statements de la serie es justamente que amor y deseo no van juntos para la protagonista, y me parece que ella trata de decir que esto no le incomoda. Pero yo creo que sí le incomoda.
Casi todas las narrativas que me gustan, en las cuales las protagonistas son mujeres, van del amor romántico. Y aunque esta serie parece querer ser una excepción, al final también es sobre el amor romántico. Lo que pasa es que también es sobre otras cosas, sobre otros tipos de amor y sobre el deseo. La segunda y última temporada está de hecho centrada en el amor romántico. El giro es que se trata de un amor imposible: otro motivo muy común y muy de mis favoritos. Me parece que ahí la serie está diciéndonos algo muy importante, aunque no puedo formular todavía exactamente qué es. Por eso, entre otras cosas, estoy escribiendo esto. En el motivo del amor imposible está el core, la nuez de la reflexión sobre el amor romántico. Yo leo ahí que solo el amor imposible es el amor romántico perfecto. Pero esto no es nuevo. Desde que se inventó el amor, la idea es que no se consume. El amor romántico perfecto es uno que nos tiene permanentemente en ascuas. Nunca mejor dicho. Una tensión constante que nunca termina de resolverse. En el caso de Fleabag, el objeto de deseo es un ejemplo “perfecto” de amor imposible, porque, sin importar la consumación o no, el amor sigue siendo imposible. Es una puerta entreabierta para siempre -porque ahí termina la serie. O sea, esta historia de amor es como un cuento de hadas al revés: no vivieron felices para siempre porque no se podía.
Entonces, ¿qué me dice Fleabag sobre las mujeres y el amor? Me dice que no pasa nada cuando el amor perfecto no cuaja, y me dice que así debe ser y que la vida sigue después del amor, aunque no me dice qué sigue o cómo sigue. Y si bien esa ausencia del “qué sigue” no me sorprende, sí que me frustra. Me da la tensión sexual, que me gusta mucho, me da la consumación, pero no me da la satisfacción del amor eterno y tampoco me da un después del amor. Así, el amor es lo mismo que consumir la serie, que comprar cualquier cosa, se agota, las ascuas prenden y se consumen y no queda nada después del calorcito momentáneo.
Y aquí paro, porque esto del amor y el consumo me da para otro post.