Mi pelo es negro, crespo, grueso. A menos que me dedique horas a peinarme, a saturarme el pelo de crema de peinar y aceites, a armarme cada rizo con los dedos, se ve seco, salvaje, unruly, como dicen en inglés. Necesita mucha atención para que se vea organizado y brillante como los pelos de la publicidad de productos para pelo “natural”— productos que son, por cierto, carísimos. Necesito, además, quedarme muy quieta mientras todavía está mojado, para que se seque así, bien ordenadito. No puedo ponerme ni quitarme una camisa ni un abrigo, no puedo apoyar la espalda cuando me siento. Mi pelo largo, a la mitad de la espalda, tardaba ocho horas en secarse por completo, si decidía simplemente esperar. Si quería acelerar el proceso, podía usar el secador de pelo, con un attachment que se llama difusor. Es como una copa o un tazón con huecos que una sujeta al extremo del secador, por donde sale el aire. La idea es que una voltee la cabeza, reúna secciones de pelo en esa especie de copa y espere diez, quince minutos por sección. En total, puede tomar una hora secarlo así, quizá más.
Como es un proceso largo, los expertos en pelo crespo sugieren lavarse el pelo cada semana o dos veces por semana. Claro, no se puede hacer semejante ritual cada día o cada dos días. Entonces, para “conservar” los crespos, esos mismos expertos recomiendan una serie de cuidados extra. Por ejemplo, dicen que tienes que comprar una toalla especial, de microfibra, para no perturbar la forma de los rizos; dicen que tienes que comprar una funda de satín para dormir, para que el pelo no roce con la superficie rugosa de las fundas comunes; dicen que tienes que comprar cauchos especiales para agarrarte el pelo; dicen que tienes que comprar bonetes de satín para que el pelo, de nuevo, no roce superficies rugosas. El invierno es un rollo, porque hay que tener cuidado con los gorros —venden gorros forrados con satín— con las bufandas, con los sacos y abrigos.
En fin, que aunque mi plan hace años, cuando decidí comenzar a apreciar mi pelo crespo, era hacer una especie de statement, de declaración pública en favor del pelo “malo”, como lo llaman, y estaba dispuesta a cuidarlo para que todos vieran que era un pelo tan bonito y deseable como el liso, aunque mi plan era tratarlo como el delicado don que es, de repente se me hizo muy cansado todo el asunto. Cuando vi que mi estante del baño cundía de tarros de productos que compré como una autómata tras “investigar” en internet todo lo que había que hacer y comprar para tener un pelo saludable, pensé que ya era suficiente, que no tengo que hacer ningún statement, pero sobre todo que era agotador y costoso y que había caído en un pozo, otro, de consumo.
Antes de cortármelo, decidí simplificar la rutina de cuidado. Al final entendí que 1) no necesito que mi pelo se vea ordernadísimo como pelo de muñeca porque eso es tan artificial como lo otro, como usar alisado permanente o plancha o lo que sea; y 2) solo se necesita agua y una crema cualquiera y, claro, paciencia para esperar a que el pelo se seque —eso no tiene mucho remedio. Todo lo demás es innecesario.
Con todo y la rutina simplificada, pensé que le dedicaba mucho tiempo al pelo y que no quería hacerlo más.
En Fleabag, la serie que comenté hace unas semanas, hay un capítulo en el que un personaje se hace un corte de pelo demasiado radical y por un momento enloquece de inseguridad. Entonces ella y Fleabag van donde el peluquero a quejarse y una de las cosas que Fleabag le dice al peluquero es: “hair is everything. We wish it wasn’t, so we actually could think about something else ocasionally, but it is. It is the difference between a good day, and a bad day. We’re meant to think that it is a symbol of power, that it is a symbol of fertility. Some people are exploited for it, and it pays your fucking bills. Hair IS everything”. Y creo que buena parte de mis años de pelo largo viví por esa creencia y pues no… me aburrí.
Primero me corté el pelo a la barbilla y me saqué un flequillo. Me veía bien, pero entonces caí en otra dinámica: ahora quería verme “chic”, quería algo arriesgado y muy diferente. Entonces me hice dos cortes más. Me veía bien, también. Pero ya con el pelo corto era necesario, incluso más que antes, esculpir la forma del corte, organizar los crespos de tal manera que se vieran ordenadamente despeinados. Si soplaba el viento ya no se veía tan bien. Me estaba mirando en el espejo más que antes. Entonces decidí hacer lo que desde un principio era mi deseo: raparme la cabeza.
Cuando una mujer se rapa la cabeza la gente tiende a pensar que ella pasa por un momento de crisis. Se asocia con cierta inestabilidad emocional. Yo misma caí en ese discurso, para justificar tantos cambios en tan poco tiempo, porque sentía que le debía una explicación a mis familiares y amigos. Hair is everything. No sé si estoy pasando por una crisis. Supongo que sí, pero una crisis no necesariamente implica lágrimas y nubes emocionales. No me rapé la cabeza llorando frente al espejo, con música triste sonando al fondo. Me rapé porque sí, porque me gusta la idea de hacer esos cambios radicales, porque creo que me luce, y, sobre todo, porque quería descansar de mi pelo. Además, el pelo crece.
El pelo es todo. Qué gran mierda… y gran mierda que sigamos el juego. Si vieras mi pelo en la mañanas, si supieras cuánto lo odio. Tengo que hacerle todo el proceso que describes para volverlo a querer. Todas las mañanas la misma cosa. Cuando me lo corté lo hice pensando en que no quería llevarlo más tiempo largo porque casi siempre lo recogía atrás en una cola, y en teoría, quería verlo suelto y necesitaba un corte que no me permitiera la facilidad de la cola. Así que lo corté y me encantó. Salir de la peluquería con los crespos divinamente y ver la gente mirándolos y admirándolos, que gran sensación, quería repetirla todos los días. Lo bañaba todos los días, le echaba la cremita, el aceitico, lo secaba, y aunque no lograba el perfecto look del salón, me bastaba. Ya no lo hago, deje de bañarlo todos los días, sigo haciendo el ritual engorroso, pero no es tan largo ahora. Extraño la comodidad de mi ponny tale. Por qué tiene que ser todo el pelo? Por qué tiene que decir tanto sobre nosotros? Por qué carajos es un statement tan grande y evidente? Si fuera tan valiente y bella como tú, también me raparía.
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