maternidad (1)

Mi mamá decía: si volviera a nacer, no tendría marido ni hijos.


Alguna vez una profesora amiga me dijo que el mejor año para estar embarazada es el último del doctorado, si el doctorado incluye fellowship en el quinto año. Mi quinto año empieza este otoño. Por eso, el verano pasado hice una investigación: les pregunté a todes mis amigues con hijes y a las mujeres mayores que conozco cómo había sido su experiencia con la maternidad. Al final de todas esas entrevistas, concluí, no sin cierta tristeza, que no quería tener hijos. No tenemos estabilidad económica (ni siquiera sabemos dónde vamos a vivir dentro de un año), es egoísta traer hijos al mundo en medio de la crisis climática, los hijos quitan la libertad y suman miles de preocupaciones más desde el momento mismo de la concepción. A mí me preocupa que nazca sano, que no sea godo, racista ni homofóbico, que no muera y que no me mate a mí en el proceso. Eclampsia, preeclampsia, placenta previa, etc. De acuerdo con ciertos estándares médicos, a mi edad sería una madre añosa —añosa para ser el primer hijo, en todo caso.
A eso se le suman todas las inequidades y crueldades del patriarcado hacia las mujeres.
Ali Wong, una comediante Asian American, tiene dos especiales en Netflix en los que reflexiona sobre la maternidad. Por un lado, habla de todas las cosas que las mujeres no saben antes de embarazarse. El cuerpo se deforma, la vagina nunca queda como antes, las mujeres se cagan durante el parto, los médicos hacen una incisión desde la apertura de la vagina hacia el recto para que la cabeza salga más fácil, la lactancia es dolorosísima, los pezones se ponen muy oscuros y sangran, las mujeres rechazan al marido o lo ignoran, y ellos no son tan útiles como la madre quisiera. It is a challege for your relationship. Los niños lloran demasiado, cagan todo el tiempo, no te dejan dormir, ni comer, ni ir al baño, ni vivir, básicamente. Por otro lado, en Estados Unidos no hay una leyes federales sobre la licencia de maternidad. Oficialmente no hay derecho a la licencia de maternidad. Algunas empresas e instituciones sí que la dan, pero podrían no hacerlo. Las mujeres que trabajan no tienen amparo legal para recuperarse de un proceso que es, según parece, terrorífico.
Con todo y eso, recientemente volví a pensar en la maternidad. Si soy sincera, lo empecé a pensar porque todos mis amigos están en Europa o en algún otro viaje de ensueño durante el verano, y yo me quedé sola en Chicago, cuidando tres parejas de gatos, contando los míos. Me quedé para ahorrar dinero, cuidar a mis gatos y escribir la tesis. Y tengo TANTA pereza de escribir la tesis que preferiría estar cuidando de un retoño. En medio de mi aislamiento veraniego se me ocurrió que la maternidad sería the ultimate procrastination, una procrastinación muy noble, además.
Pero, si voy más al fondo, llego al finado Louis C.K. Hace como cuatro años lo escuché decir en una entrevista que tener hijos era maravilloso porque uno dejaba de ser el centro del mundo para uno mismo. Esa idea me quedó sonando desde ese entonces. Yo siempre estoy pensando en mí. ¿Será que esto del doctorado es lo mío?, ¿quién va a leer mi tesis?, ¿voy a conseguir trabajo?, ¿qué otra carrera podría tener?, ¿para qué sirve estudiar literatura?, ¿debería dejar de comer carne?, ¿cuál es el sentido de mi vida?, ¿por qué no me fui de viaje también?, pero qué horrible ser turista, viajar es incómodo, uno no necesita dinero para ser feliz, quiero tener una granja y cultivar mis propios alimentos, quiero estar sola y que nadie me joda, pero extraño a mis amigos y me encanta pasar horas texteando con mis amigas y cuando me dejan porque se van a dormir o tienen que vivir su vida o cuidar a sus hijos me quedo infinitamente sola y triste.
Entonces, qué bonito sería apagar ese zumbido constante de mi cabeza. Eso pienso sobre la maternidad en este momento, cuando ya casi es muy tarde para decidirme a tener hijos. ¿Será por eso que lo estoy pensando? ¿Es mi cerebro inseminándome con la idea para que me decida por fin a reproducirme? ¿Cómo sería reemplazar el zumbido de mis pensamientos por los tiernos aullidos de un nené?
Cuando mi mamá ya estaba muy enferma, yo le decía que tenía que mejorarse, para que conociera al nieto que yo iba a darle, y aunque ella sabía que eso no iba a pasar, hacía como que la entusiasmaba la idea. Pero nunca hablamos de eso en serio. Ella era muy conservadora y ni hablar de hijos por fuera del matrimonio, y se murió apenas dos meses después de que me casé. Esa es otra razón para no reproducirme: las madres son una gran ayuda con el primer hijo, y yo ya no tengo a la mía. Entonces le fui con la inquietud a mi papá. Y mi papá me dijo que no tuviera hijos, que las mujeres se deforman, que se olvidan del marido y que, básicamente, arruinaría mi vida. Suena como algo muy duro para decirle a una hija, y en cierta forma lo es, pero también podría tener razón. Yo pensé estas mismas cosas cuando me decidí, el verano pasado, a no tener hijos. Además, mi papá también me dijo que no estudiara literatura, y tenía razón, no debí hacerlo, pero no abramos esa puerta ahora.
Cuando estaba segura de que no quería tener hijos, veía a mis amigas madres y pensaba, uf… no, gracias, míralas. Qué desastre. Ya no pueden viajar, ya no pueden salir, ya no pueden ver televisión, ya ni siquiera pueden entrar al baño en paz. Leía en los ojos de todas envidia a mi vida sin hijos y arrepentimiento por sus malas decisiones. Mi decisión de ser una mujer child-free también era una declaración de principios, era parte de mi naciente feminismo consciente. No iba a cumplir el rol impuesto por la sociedad. No iba a entrar deliberadamente en la opresión de la maternidad. Y es que hay patrones que prefieren no contratar mujeres con hijos, porque estos se enferman y aquellas faltan más al trabajo, porque muchas de mis profesoras más admiradas no tienen hijos; no es compatible una carrera exitosa con la maternidad. Y si no me importa mi carrera, entonces es egoísta tener un hijo solo para que me calme la ansiedad, y puede que no me la calme. Puede que sea una madre horrorosa. No puedo cifrar todas mis expectativas en un hijo, mi proyecto de vida no puede estar anclado en las expectativas que ponga en él.
(incluso eso, él, todo este rato he dicho hijo, masculino, porque en mi cabeza va a ser niño. Ni me he decidido y ya estoy convencida, alimentando la fantasía de un niño y no de una niña)
Desconfío.
Un día me despierto y me digo que a la mierda los argumentos, que quiero tener un hijo, y hasta más de uno, hijos, hijes. Pero luego lo converso y me echo para atrás. Vuelvo a las consideraciones prácticas: la edad, la plata, la falta de red de apoyo, el sufrimiento del puerperio. Me rondan las advertencias de mis padres. Pienso que they know better.
Y todo esto sin contar con que, incluso si me decidiera, podría no pasar. Puede que no quede embarazada, ¿y entonces?

One thought on “maternidad (1)

  1. Reí con esta… y me gustó mucho. Yo estoy muy convencida que mis hijes no han sacado lo mejor de mi, al contrario, son expertos en sacar a flote lo peor. Entonces es posible que, si te decides a tener hijes, el zumbido persista y hasta se vuelva más insistente, pero es verdad que el zumbido ya no será sobre tus asuntos. En esto último tiene toda la razón el señor C. K., ya no serás más el centro de tu mundo. Sobre la maternidad tengo muy pocas cosas buenas que decir, y tú tienes muy claras las razones por la cuales no es tan buena idea tener hijes. Sin embargo, me siento obligada a contarte algo que me entusiasma de mis hijes: ellos se parecen a mi pero en una versión mejorada. Hay otras cosas, por supuesto, pero ahora mismo es lo que más me entusiasma y me llena de felicidad. Tal vez tú no encuentres nada emocionante en eso, tal vez sea mi personalidad narcisista, pero la idea de que existan en el mundo dos personas que son como yo pero mucho mejores me hace feliz.

    Para finalizar, hay algo que extrañé en tus consideraciones sobre la maternidad… qué opina el padre? Y qué opinas de sus opiniones?

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