Empiezo diciendo que el (2) en el título no quiere decir que sea el final de la reflexión.
Las ideas siguen transformándose y madurándose. He aumentado mi base de datos. Mis amigues van volviendo de apoco de sus viajes por el mundo y la vida vuelve poco a poco a la normalidad. Incluso dejé de pensar todas las horas en si quería o no tener hijos; le bajé el volumen a esa pregunta, como quien dice. Hoy estoy nuevamente inclinada por el no; poco rotundo, pero un no. Es un no pensando, no ya solo en mí y en mi deseo de cambiar de vida, sino un no pensando en el hipotético hijo, que sigue siendo varón en mi mente. En las semanas pasadas descubrí el podcast Radio Japuta, que es un podcast de feminismo radical. En uno de los episodio hablan sobre el feminismo y las niñas, y entonces pasan archivos de audio de niñas que se identifican como feministas y que cuentan algunas de sus experiencias en el colegio. Dicen unas, por ejemplo, que el patio del colegio está ocupado por los niños que juegan al fútbol, mientras que las niñas están alrededor, y que incluso allí estorban, porque a veces les pega la pelota y ellas se quejan y qué flojera. Otra contó que una vez les pidieron irse vestidas de cierta manera porque los atuendos provocativos “distraían” a los varones. Entonces se organizaron y se fueron todas vestidas con las ropas más escotadas que pudieron encontrar, así dijo la chica, para protestar contra la medida, y triunfaron y ya no hay una regla que diga que no pueden usar ciertas cosas por “provocativas”. Otras se quejaron y también se organizaron para lograr que quien quisiera llevara falda y quien quisiera llevara pantalón, en vez de todas llevar falda.
Todas estas historias me recordaron por supuesto el colegio y a mis profesoras y a las monjas. En el colegio a veces se aprenden las peores cosas, como el racismo, la homofobia, y el sexismo, sobre todo. En el colegio una escucha cosas como que las mujeres son mejores con el lenguaje y los hombres son mejores con los números, o como que las mujeres se deben ver y comportar de cierta forma y los hombres de otra. Mientras tanto, la educación sexual y reproductiva suele estar a cargo de amigues, O DE MONJAS Y CURAS! Cuando era colegiala, sacar una toalla higiénica de la mochila para ir a cambiarse al baño requería habilidades de espía, y si alguna se manchaba: ridículo y humillación. Y era un colegio de mujeres…
Entonces pienso que si tengo un hijo, habrá que educarlo de alguna manera. He fantaseado con la educación en casa, pero, siendo realistas, lo veo poco probable. Tendrá que ir al colegio. ¿A qué colegio irá?, ¿irá al colegio en Bogotá? En Bogotá casi todos los colegios son un poco católicos, al menos. Le enseñarán religión católica. Y yo fui educada como católica, pero tengo todos los problemas del mundo con los curas y las monjas, con la misa, con los valores de la religión católica en general. Mi hijo, mis hijes estarán en manos de profesores y profesoras que quién sabe qué cosas les van a meter en sus cabecitas y quizá los lleven a misa y escucharán a quién sabe qué cura demente. Y si tengo una niña la traumatizarán con toda suerte de prejuicios sobre la pureza y el rosado y la belleza y la elegancia y lo que es ser mujer, por más de que en casa escuche otras cosas — y, obvio, sus padres también nos vamos a equivocar—. Me da miedo mandar a mi hijo hipotético al colegio hoy. ¿Cómo le van a enseñar historia?, ¿qué tipo de cosas escuchará sobre política y sociedad?, ¿cómo, en últimas, va a aprender a pensar y a pensarse? Y yo me siento sin herramientas para luchar contra un colegio.
Puede ser, y seguro es, que estoy escogiendo recordar y pensar lo peor del colegio. Seguro hay colegios muy buenos en Bogotá, seguro las cosas han cambiado desde la última vez que entré a un colegio como estudiante. Lo que me preocupa es que hace relativamente pocos años estuve trabajando en un colegio y las cosas… bueno… lejos de ser perfectas. Y no importa el estrato, no importa si es colegio mixto o no. Es difícil criar hijes propios; entonces cuánto más difícil será criar hijes ajenos. Y no sé para les niñes de hoy, pero para mí era cruel estar tanto tiempo lejos de mi mamá. En un colegio de clase media, que es el colegio que podríamos pagar, siendo optimistas, mi hijo estará expuesto a prejuicios de todo tipo, a profesores quizá de onda militarista, dios no lo quiera, a curas y monjas. Entonces cuando pienso en eso, cuando pienso en otra persona reviviendo el colegio como yo lo viví, me da miedo*.
*Creo que en medio de todo salí bien: un poco traumatizada, como se ve, pero no todo fue horrible.
Si yo tuviera hijes, los mandaría a la Unidad. Es laico y progre. Y a la luz del caos escolar, y a pesar de sus propias injusticias, es la opción más hermosa.
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